Hace 20 años Juanita López volvió a tierras guayanesas. Luego de su estadía en Caracas, esta nativa de El Callao, se asentó en Guasipati y desde entonces, se ha dedicado a transfigurar en arte, materiales de la más noble procedencia.
No es raro encontrar a Juanita López trabajando cuando alguien llega a solicitarla en su portón. Casi como excusa, se limpia las manos y saluda con una de esas sonrisas que no admiten discusión. Bajo la sombra de su árbol de yuca y vigilando a su nieto, se dispone a develar sus claroscuros de mujer y artista que día a día consagra sus manos a la creación.
“Para mí, trabajar con la piedra es como un orgasmo artístico”, confiesa Juanita López con una sonora carcajada. En ese placer celeste-lujurioso, esta artesana puede deshilvanar horas, hasta que las luces que se reflejan en los cristales de la roca se empiecen a despedir.
Esta fascinación por abstraerse del mundo mientras trabaja, la heredó desde pequeña. De madre artesana y abuela costurera, Juanita no cree que sea casualidad que hoy en día se dedique enteramente a la obra de sus manos.
Hada de los trastos
“Hay muchas cosas que la gente bota y yo las recojo”, comenta Juanita mientras mira con amor casi maternal la silla del porche que restauró hace ya unos años, esa que da la bienvenida a una casa que tiene el olor a las musas que comparte con su pareja, el artista plástico Nelson Hernández. “Él es mi cuero, lo que nos une es el arte”, añade jocosamente la artesana.
No hay material desdeñable para ella, las conchas de naranja, sacos de harina o jeans viejos, pueden convertirse en muñecas, nacimientos o sombreros. Cual hada madrina de cenicientos andares, Juanita va con sus manos mágicas trasmutando harapos y desperdicios en piezas dignas de colección, que se han reubicado más allá de las latitudes guayanesas.
En la sala, estantes repletos de antigüedades reciben a los visitantes, impregnando el lugar de ese aire añejo de tiempos irrecuperables. Al atravesar el recinto, una cocina es pretexto para exponer toda suerte de artículos que han pasado por la mente y las manos de la dupla de autores.
Mientras se recorre la vivienda, las anécdotas que cuenta Juanita, se pasean por el sueño, la crisis económica o el experimento con los materiales. “Nosotros hemos hecho de todo”, es la frase que en su sencillez, resume la trayectoria que los ha hecho famosos en el pueblo.
Almas de trapo
En sus años en Caracas, fue alumna del autor de Aquiles Nazoa, quien debajo de un puente le enseñaba a hacer féminas con cuerpo de trapo. “Recuerdo que mi familia me cuestionaba mucho por mis andanzas con él… decían que era medio afeminado, (se ríe) pero para mi era un gran amigo, uno de mis primeros maestros, le debo parte de lo que se”.
Así, en las tardes capitalinas Juanita se desestresaba aprendiendo a elaborar las muñecas que la han vuelto tan popular. Tradicionales o modernos, Juanita López les da vida a los personajes más singulares, que más allá del valor lúdico, son para el deleite artístico y autóctono. Entrar en su taller de muñecos, es sentirse atrapado en las ensoñaciones de Julio Garmendia. Madamas y figuras carnestolendas puestas en línea, comparten los anaqueles con imágenes religiosas que, quizás en las noches entablan insospechadas conversaciones de lo carnal y lo divino.
Corazas de papel
Sin embargo, visitar la casa de esta artesana no está completa sin ir al recinto de costura, irreprochable y prohibido si está trabajando con cuarzo. Los veladores del recinto, son los morrocoyes. Sí, bellos animalitos inanimados hechos de materiales de toda índole, únicos con potestad para invadir el lugar de los hilos.
“Hago montones de morrocoyes, yo amo a ese animal tan noble, el único con la hiel dulce. Mi trabajo es un honor a esos guayaneses en peligro de extinción”. Y es que Juanita, además de ser artesana, es defensora del Morrocoy. A ella le parece infame que la gente se los coma, por eso las peculiares creaciones con material de desecho, son su aporte para abogar por estos reyes de la parsimonia.
Su labor incluye también el enseñar a los jóvenes porque considera que “el pueblo está huérfano de cultura”. Como madre adoptiva, Juanita se ha encargado de adoctrinar otras manos que quizás quedarán cuando ella se marche.
Al salir de su hogar, despide un letrero que reza “una vida ociosa es una muerte anticipada”, sentencia que Goethe puede estar seguro de haber perpetuado en una vida, que no tiene prisa de esfumarse antes de tiempo. Juanita López sabe cuál es la triquiñuela para dilatar la venida de las sombras, y por ello irradia la luz de sus creaciones.
Algo más: Juanita López es fácil de Ubicar en el Sector “Villa del Rosario”, en la población de Guasipati, vía Gran Sabana. Puede contactarla directamente a su celular al: 0416-788.82.73 o a través de Internet, mandando un e-mail a:
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Texto: Nazareth Balbás Olivero Fotos: Liliana Elías |