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Milla de Encanto PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Yuly Carreño. Fotos: Liliana Elías   
Pl Un apacible y templado viento acaricia los rostros de quienes contemplan la belleza y majestuosidad del Páramo. Ante el sonido del agua que emana de la fuente y la quietud de los árboles minuciosamente bien cuidados, todo parece tener sentido, todo parece tener solución. Permanecer en uno de los pintorescos bancos de madera y hierro forjado es una experiencia casi religiosa, que recuerda la particular idiosincrasia de los merideños: una mezcla excepcional entre el ciudadano que camina acompañado por Dios como si nada a su alrededor le perturbara y el que lo hace con la absoluta seguridad de que todo tiene un futuro y un mañana. La Plaza Milla es conocida así por los lugareños desde hace mucho tiempo. Es el  nombre de uno de los afluentes del río Chama, el más importante de Mérida, amén de esa antigua manía de los pueblos de llamar a las cosas por el nombre que mejor les suena; sin embargo, su verdadero nombre es Plaza Sucre, en honor al Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, ilustre prócer de la Independencia, cuya respectiva estatua se muestra orgullosa, erguida en medio del lugar, como quien permanece tranquilo tras cumplir a cabalidad la labor que le fue encomendada.

Pl A diferencia de otras plazas de la capital merideña, este sitio de verdes y amplias caminerías y ambiente pulcro, plácido y tranquilo, es ideal para ese turismo propio de las regiones venezolanas que aún conservan intactas sus tradiciones, y que encuentra en la meditación y la reflexión los aliados ideales para ser indiferentes al estrés que consume nuestros días. Y cómo no serlo: la suave neblina que abraza al Páramo hace más que agradable la estadía, mientras se perciben las bondades climáticas de una ciudad construida al pie de inigualables y prodigiosas cumbres.

Refugio de todos

Durante el día y también en la noche, se practican todo tipo de actividades grupales deportivas y recreativas. Bajo la sombra de algún árbol, hombres, mujeres y ancianos disfrutan del paisaje, o jóvenes parejas mantienen  una agradable conversación.
En sus alrededores se ubican varias heladerías, pizzerías y restaurantes, la excusa perfecta para un encuentro con los amigos o familiares después de un largo día de trabajo. Todo merideño y también el turista aventurero no debe dejar de visitar esta hermosa plaza, típico lugar de encuentro de los pueblos andinos, donde la quietud y la sonrisa son más que imprescindibles, y donde el calor humano de su gente es tal que puede derretir la mismísima nieve del Pico Bolívar.

Pl Para llegar quédese entre las avenidas 2 y 3, entre las calles 13 y 14 del Casco Central. Si se pierde, la amabilidad de su gente le indicará cómo encontrarla y disfrutarla tal cual es: acogedora, encantadora, mágica y siempre dispuesta a brindarle resguardo después del agobiante trajinar.

Al caer la tarde, de seguro puede encontrar a algún abuelo que le contará  un poco de la historia de Mérida y los personajes que la han convertido en una tierra única en toda Venezuela.

También puede contemplar la belleza de la Iglesia de Milla San Juan Bautista, construida en el siglo XIX, y que por cierto, no está ubicada justo frente a la plaza, sino más bien a un lado, como para hacerla aún más particular.Iglesia

Si usted visita la querida “ciudad de los caballeros”, y quiere sentir que ha llegado a una verdadera urbe andina, vaya a Plaza Milla, comprobará  que su encanto, es su mayor atractivo.


Texto: Yuly Carreño
Fotos: Liliana Elías