OOPS. Your Flash player is missing or outdated.Click here to update your player so you can see this content.

Artículos relacionados

Usted está aquí: Inicio arrow Especiales arrow De Alaska al Orinoco sin preguntar
De Alaska al Orinoco sin preguntar PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Pedro Suárez. Fotos: Cortesía de Rafael Rodríguez   
 El regreso es otro viaje, el que lo hace ya no es el mismo, trae en las maletas inéditas experiencias de vida. Si acaso repite la misma ruta, sus ojos ya no son los mismos, se transforma su manera de ver el paisaje, y de conectarse con la gente que habita el camino transitado. Algo ha cambiado en él, que dilata su manera de ver el mundo, que le aligera el peso de entender la razón de ser y estar. Rafael Rodríguez, elflaco, puede dar testimonio de lo anterior. Después de haber recorrido la parte del continente americano que se escurre hasta la Patagonia, planificó un viaje que lo llevó por toda Centro y Norteamérica. Llegó en moto y utilizando la palabra hablada, como quiso bautizar su aventura: Preguntando se llega a Alaska.

 De regreso a Guayana, donde vive al resguardo de la brisa del Orinoco y el Caroní, quisimos conocer a ese otro Rafael que es, luego de haber desandado más de 30 mil kilómetros en moto. Ya lo habíamos entrevistado a mitad de su recorrido, y habíamos hecho el compromiso con los lectores de Clase Turista de reseñarle el final de un viaje que, en palabras de elflaco, no es si no el principio del otro que vendrá.

 CT.- América, más que un continente, es un mosaico de culturas, gentes, y paisajes. ¿Qué fue lo que más te impactó de esta experiencia tan diversa?
R.-Ese mosaico precisamente, Centroamérica con algunos países muy pobres pero gentiles hasta más no poder. Pega comprobar los grandes abismos sociales que existen en todos estos países, y el descontento general hacia los gobernantes… Impacta el temor que se tiene por parte de los del Norte hacia México, Centroamérica y Suramérica, siempre ávidos de información para ver si toman el riesgo de venir.

 La conocida seguridad en Norteamérica en comparación con la nuestra hace que uno se acostumbre rápido a ella…y pega mucho regresar a nuestra insegura realidad.


CT.- Llegaste a Alaska preguntando, ahora, ¿cómo regresas a Venezuela, desde el punto de vista espiritual, emocional, vivencial?
R.-Definitivamente este fue un viaje de esa naturaleza, espiritual-emocional, mas allá de los increíbles y diversos paisajes, de la gente y su  cultura, es un viaje interior… Regreso con mayor conocimiento de mi mismo, de mi capacidad de enfrentar los temores, situaciones, más seguro de lo que soy capaz de hacer, de lo que realmente necesito y eso es importante para mí. Y regreso convencido que “los sueños son para vivirlos!!!!”


CT.- Si pudieras precisar el momento clave del viaje, el que te marcó, ¿cómo lo describirías?
R.- Hubo un momento empezando el viaje, en Colombia, donde como que caí en cuenta de a donde  iba, cuando la gente se asombraba con mi respuesta de Alaska, y pensé ¡qué loco estoy! ¿Cuándo llegaré?  Eso está lejos…, y decidí cambiar la estrategia mental, me levantaba en las mañanas y el destino de mi viaje era la siguiente ciudad, no Alaska, simplemente.. ”un día a la vez”

CT.- ¿Qué es más fácil, irse o regresar?
R.-No creo que calificaría de fácil o difícil cualquiera de las dos situaciones, este viaje fue muy emocional, sobretodo por lo de viajar solo, fueron momentos muy diferentes que al final lo que aportan es un gran  crecimiento espiritual, personal… Al salir, la emoción de lo nuevo, lo desconocido que genera mucha incertidumbre y a la vez adrenalina, el desapego a la supuesta “seguridad” que brinda lo conocido, la familia, el trabajo, la casa, la ciudad.  El regreso es una mezcla de emociones a la inversa, esa sensación de final, pero agradecido de que todo salió sin  complicaciones, de haber cumplido un sueño, además se suma el  deseo de compartir la experiencia, de volver a lo conocido, de abrazar a mi hijo… Pero también surge un poco de desilusión de comprobar que podríamos, como país, como sociedad estar mucho mejor.

CT.- Existe una preocupación a nivel mundial por el tema ecológico, ¿cómo sentiste esa realidad a medida que cruzabas el continente en su parte Norte?
R.-Lo que pude apreciar en el tema ecológico fueron algunas iniciativas como la de fomentar el uso de bolsas de tela o reusables en los supermercados en vez de las plásticas que generan millones de toneladas al año de basura, así como campañas de ahorro o uso eficiente de energía, de reciclaje de desperdicios (plásticos, vidrios, orgánico) también pude observar muchos campos sembrados de torres de energía eólica, pero para la responsabilidad que tiene el país del Norte en ese tema creo que las  iniciativas deberían ser más numerosas o de mayor escala.

CT.- Si pudieras repetir el viaje, ¿qué cosas harías y cuáles no?
R.-Cada experiencia es única, que aporta mucho aprendizaje y eso la hace inolvidable… ¿Qué no haría? No vería noticias locales en Centroamérica, (solo lo hice un par de veces y puede ser intimidante, sobretodo cuando se viaja solo), aunque no tiene ninguna diferencia con las nuestras… De repetir el viaje me gustaría hacerlo con mi hijo…

CT.- Mucho antes de Marco Polo, Vasco de Gama, Cristóbal Colón, Alejandro Von Humboldt, el hombre ha sentido la necesidad de irse. Después de este viaje, ¿qué nuevos destinos tienes en agenda?
R.-Mientras más viajo me doy cuenta que menos conozco… ¿el próximo destino? No tengo idea, pero de seguro aparecerá pronto algo en el horizonte…

El germen ya está incubado, ese “algo en el horizonte” al que se refiere Rafael, es apenas una coartada para estimular la imaginación y trazar las coordenadas de esa próxima aventura que vendrá. De ese camino, Clase Turista quiere ser testigo y vocero, de suerte que desde aquí va nuestro aliento a todos los Rafael que ven en el viaje la mejor metáfora para encontrar sentido al nombre por el que respondemos y a la vida que se nos encargó para vivirla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Texto: Pedro Suárez
Fotos: Cortesía de Rafael Rodríguez

 

 
< Anterior   Siguiente >