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Todos los fines de semana, el cielo del Jarillo en el Estado Miranda, se llena de gigantes alas de colores. Hombres y mujeres que han decido desafiar la gravedad, para deslizarse por los aires y cumplir con uno de los anhelos más antiguos del ser humano: la aventura de volar.
En el Jarillo, el aire corre ligero sobre los rostros de sus habitantes, y con él viaja el olor a durazno. Aquel que les recuerda cual es el petróleo de su sustento. Ese que dejaron sembrado sus antepasados para que las nuevas generaciones tuvieran una forma más sencilla de levantar sus hogares. En este lugar de fragancias a pan casero, frutas, dulces y gente buena, un grupo de jóvenes decidió hace 15 años que existían otras alternativas.
La mirada de Rodolfo Ziegler, líder de los parapentistas en este pueblo, refleja vida más allá de sus 28 años de existencia. Quizás porque desde hace 7 años ha tenido hacerse cargo del negocio familiar y velar por su madre y su hermana. Dejando a un lado las responsabilidades, volar se ha convertido para este muchacho en el concepto más amplio de libertad que conoce.
Del parapente, él y su gente aprendieron a través de extraños que venían a practicarlo. Les dieron un curso básico donde les enseñaron que para mantenerse en el aire sólo necesitaban del viento y saber planear el instrumento, la práctica se la dio el tiempo y uno que otro golpe que se han llevado.
Su padre fue el precursor de un grupo de lugareños que se interesó por la práctica. Con el tiempo curiosos se acercaban al pueblo atraídos por la belleza de sus paisajes y la novedad de ver a varios hombres desplazarse de un lado a otro en las alturas sin más alas que una especie de paracaídas. Esto les dio la idea: “se podía ganar dinero de otra forma, atrayendo al turista”.
Era necesario organizarse para evitar que cualquiera viniera a lanzarse. De esta forma se evitaban los accidentes. Determinaron un lugar para lo que llaman el despegadero y otro para el aterrizadero. Luego de tantos años muchos se han organizado alrededor de estos espacios. Han construido restaurantes, ventas de tortas, souvenirs, dulces, fruta fresca y uno que otro sitio de alojamiento.
Rodolfo cree que el deporte y el turismo aun están “en pañales” en el pueblo y cree que es vital que quienes viven aquí crean que de verdad se puede subsistir de atender a los temporadistas los fines de semana y en las vacaciones. “Sólo hace falta conseguir la manera de mantener el espacio más privado para que los jarilleros no sientan que están violando su intimidad”. Situación que quizás será inevitable, porque el Jarillo se ha convertido en una de las zonas más interesantes en el país para realizar vuelos en parapente. “Aquí las montañas son abiertas y frente a ellas hay un valle, esto permite no haya turbulencias y se produzca un vuelo estable”, cuenta Rodolfo. Sin embargo, la tarea no es tan fácil, todo depende de cómo esté el clima y las nubes. Por lo regular se vuela después de la una de la tarde, cuando las condiciones están dadas para despegar.
Uno de los estatutos de su organización fue crear un club, allí se afiliaron los lugareños que aprendieron y los extraños que adoptaron como suyos. Hoy en día unas 40 personas lo conforman. Entre sus miembros hay médicos y bomberos, con ellos se han preparado en primeros auxilios.
También hubo un cambio en el nombre del club, dejó de llamarse "El Jarillo" para adoptar el de "Club de Vuelo Min", en honor a su papá, uno de los deportistas más destacados en este ejercicio. De por qué ocurrió su accidente, Rodolfo no habla mucho, piensa que quizás era tan bueno, que corría muchos riesgos. Una lesión en su pierna lo mantenía en reposo y pese a esto el alzaba su vela porque el parapente se había convertido en su pasión. Lo que sucedió el 18 de abril del año 2001 cuando su Benjamín Ziegler perdió el control de su aparato, lejos de amilanarlo, le dio fuerzas para continuar adelante. “Alguien tenía que quedarse al frente, sino esto se iba a desorganizar. Lo lógico era que lo abandonara y no volara más, pero yo en cambio decidí demostrar que soy bueno porque aprendí de mi padre”.
Siempre siente miedo, pero asegura que el miedo se traduce en respeto, lo que es bueno, porque le hace respetar las normas. Es así como en la actualidad él y su equipo se paran sábados y domingos (si las condiciones lo permiten) junto a la escultura de la virgen y ofrecen al visitante la oportunidad de conocer el pueblo desde arriba en vuelos tamden (dos personas) de 15 minutos. Realizan cursos y apuestan al desarrollo del turismo en la región. Hace unas semanas su sobrina de 7 años realizó su primer vuelo con su tío. “Quizás sea ella quien continúe con el legado”.
Contacto:  Club de Vuelo Min. EL Jarillo. Estado Miranda
Rodolfo Ziegler Teléfono: 0414 2511183
Nerio Casadiego Teléfono: 0414 2328622
Amado Silva Teléfono: 0414 2993646
Costo: Bs 150 . Vuelo: 15 a 20 min.
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