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“Que no sé nadar. Que no tengo entrenamiento”...¡Basta! Ya estas no son excusas para no practicar el Rafting, un deporte de aventura en grupo cargado de adrenalina y diversión. Es ideal para acabar con las tensiones y poner a tono los nervios de cualquiera. En Venezuela el Rafting puede ser practicado, por ejemplo, en el río Yuruaní, en La Gran Sabana.
Casi cualquiera puede hacerlo. No es imprescindible saber nadar ni tener condiciones físicas excepcionales. No hay limitaciones de edad. Eso sí: las instrucciones del guía deben seguirse al pie de la letra, y el equipo mínimo de seguridad –chaleco y casco- hay que usarlo.
El Rafting es un deporte de aventura –y también una actividad turística- que consiste en descender aguas bravas de ríos montañosos utilizando un bote neumático tripulado por un máximo de ocho personas y un guía. Este último es el responsable de llevar el rumbo de la embarcación, y de dar las instrucciones pertinentes a los tripulantes, quienes deberán impulsar el bote con la ayuda de remos.
El nombre de la actividad viene de la palabra “raft”, que se traduce al español como “balsa”, y que junto al gerundio da origen a un termino que podría traducirse como “balseando”.
Pioneros
Los inicios del Rafting se remontan a 1938, cuando los pioneros lograron por primera vez cruzar el río Colorado, en los Estados Unidos, con una balsa de goma. El interés de estos hombres no era deportivo ni turístico. Querían explorar aquellas aguas furiosas, cosa que no habían podido lograr antes por no contar con embarcaciones apropiadas, las cuales terminaban destrozadas por las corrientes. Después, con el tiempo, se convirtió en una actividad deportiva y turística que se fue extendiendo por el mundo.
En Venezuela el Rafting, a nivel comercial, tiene aproximadamente quince años, y comenzó en las aguas del río Orinoco, en Puerto Ayacucho. Luego llegó a Barinas y un año después, a La Gran Sabana. La empresa pionera en ofrecer la experiencia a turistas en la tierra de los tepuyes es Ruta Salvaje, única en el país que ostenta la licencia para ofrecer Rafting en un Parque Nacional. “Hay muchas otras empresas, que son muy buenas, pero nosotros somos los únicos que tenemos el permiso”, aclara Iván Artal, representante de Ruta Salvaje, y quien es también instructor certificado por la Federación Internacional de Rafting, IRF, por sus siglas en inglés. Por ello, Artal puede entrenar y certificar a personas que quieran incursionar en este deporte.
Ruta Salvaje ofrece el Rafting específicamente en el río Yuruaní, a una hora de Santa Elena de Uairén, muy cerca de San Francisco de Yuruaní. Este es un río de mucho volumen, uno de los principales afluyentes del Caroní. En estas aguas la aventura es muy distinta a la que un experto o aficionado puede vivir en otro lugar del mundo. Se trata de un sitio geológicamente muy diferente. “Por lo general un río de Rafting –explica Artal- esta entre montañas enormes, en donde el río baja con mucha fuerza, con rocas grandes y pequeñas. En cambio en La Gran Sabana se hace sobre piedras planas de jaspe. Esto hace que la actividad se pueda disfrutar con unos niveles de seguridad bastante altos en comparación con otros ríos. Es distinta también la velocidad del agua, por lo que ésta no choca, sino que se desliza sobre la piedra, para formar unas olas que pueden ser muy grandes y divertidas”, agrega.
Aprendiendo a trabajar juntos.
El Rafting es ideal para estimular el trabajo en equipo. Por ello ha sido utilizado incluso por algunas empresas para enseñarle a sus grupos a compenetrarse y a actuar juntos eficazmente. Este deporte exige que se trabaje coordinadamente, bajo presión, con altos niveles de adrenalina, obedeciendo las instrucciones del guía. Por ello, cada trabajador se da cuenta de que cada quien es importante, y comprende porqué es necesario “remar” cuando el gerente -en este caso el guía- lo pide.
Como deporte el Rafting es una actividad completa y exigente, pues pone a trabajar todas las partes del cuerpo y ayuda a fortalecer la concentración. Los riesgos pueden ser muy grandes si no se toman las medidas pertinentes, y aumentan en proporción a la intensidad del agua. Pero para el turista deseoso de vivir la experiencia en el Yuruaní los riesgos son mínimos y controlados. “Lo máximo que puede pasar es que alguien se golpee un poco en la pierna o se raspe un codo, aunque eso es bastante raro”, asegura Artal.
Lo ideal es que el turista lleve una licra como la que utilizan los surfistas. Si no, con una franela y un mono de nylon o de licra basta. Ruta Salvaje pone el chaleco, el casco, las embarcaciones, los remos, el trasporte desde Santa Elena, la comidas y las bebidas. Calzado no es necesario, pues los aventureros estarán en medias durante la experiencia. Es lo ideal para no resbalar con el jaspe.
La empresa de Artal ofrece en su day tour de Rafting, además de un kilómetro de navegación, una caminata de diez minutos detrás de las aguas del Salto Arapena y, por último, la oportunidad de lanzarse en body rafting -sin bote, solo con chaleco y casco- cien metros río abajo, aprovechando el tobogán natural formado por las piedras. Tres horas después, seguro, la energía del grupo queda agotada y mucha es la diversión acumulada.
Textos: Máximo Rondón A. Fotos: |