No titubea al declarar que se siente bienaventurado. Vive donde quiere y hace lo que le gusta: desde hace 11 años es el responsable de Ruta Salvaje, empresa de servicios turísticos en La Gran Sabana. Más que eso es pionero y campeón, pero no habla como tal. No le interesa la gloria. Sólo quiere dejar un legado: que las próximas generaciones aprecien y defiendan este basto territorio perteneciente al Parque Nacional Canaima, en el estado Bolívar, al Este de Venezuela.
Hay momentos en los que se le ha ocurrido, aunque sea por un instante, irse a otro país y, sin embargo, termina recordando cuan mal se siente fuera de La Gran Sabana. Este hombre de baja estatura, rostro curtido por el sol –tanto que aparenta mayor edad- y ojos de niño bueno es Iván Artal. Sincero, concreto, modesto y sereno, divorciado y con dos hijos. Así es este personaje que se interpreta a sí mismo, tal y como es, sin máscaras.
Nació en Caracas el 25 de agosto de 1970 y la vida –o mejor dicho, el espíritu aventurero de su padre, el artista plástico Pablo Artal- le llevó, cuando tenía dos años, a establecerse en Guaimeque, un caserío cercano a la población de San Juan Bautista, en la isla de Margarita, alejado de la playa y de la civilización. Diez años después la familia Artal tomó de nuevo su equipaje para irse esta vez a La Gran Sabana. Primero se establecieron en El Paují, y luego en Santa Elena de Uairén, donde se encuentran asentados desde 1983, fecha en la que la carretera era de tierra y el transito bastante penoso. Don Pablo, de religión mormona, buscaba un sitio en el que la familia pudiese vivir de manera autosuficiente, emulando a los pioneros del lejano oeste americano y consagrados a una vida más espiritual que mundana. Eran de los pocos en Santa Elena que no vivían de la minería, pues se dedicaban a la construcción, oficio que Iván compartió por varios años. Lo del turismo vendría luego.
Así empezó todo. Ruta Salvaje nació, jurídicamente, hace once años, pero hace catorce la idea comenzaba a germinar como una opción que le permitiría a Iván Artal trabajar haciendo lo que quería. En la actualidad la empresa pone al servicio de los turistas la posibilidad de disfrutar de experiencias como rafting, kayaking, tours en vehículos 4 x 4, trekking a Roraima y alojamiento. El rafting consiste en el descenso por ríos en un balsa inflable, el kayaking en la navegación en una embarcación alargada llamada kayak, y el trekking, en un recorrido de más de un día por una zona montañosa sin tener contacto con la civilización.
Prestigiosas guías nacionales e internacionales recomiendan a Ruta Salvaje, entre ellas Lonely Planet, South American Hand Book, Elizabeth Klein y Bitácora. Además, la empresa ha colaborado con la producción de programas de televisión de cadenas venezolanas y extranjeras, entre ellos: Bitácora, con Valentina Quintero; 24 Horas, con Napoleón Bravo; Fronteras Magazine, de Meridiano Televisión, Sun Channel, AXN Española y Rede Globo, de Brasil.
La empresa de Artal nació ofreciendo sus servicios a turistas extranjeros, mochileros, para ser exactos. Luego, debido a la coyuntura política este tipo de turismo mermó y se enfocaron en los visitantes venezolanos, quienes venían con buenos vehículos rústicos, más dinero, deseos de conocer rutas menos tradicionales de La Gran Sabana e involucrarse en actividades que implicaran mayor aventura. Ruta Salvaje supo aprovechar la oportunidad ofreciendo todo un abanico de opciones cuya punta de lanza era el rafting. Son los únicos en ofrecer esta experiencia en un parque nacional. Además, Artal es instructor certificado por la Federación Internacional de Rafting, IRF, por sus siglas en inglés.
Sin embargo, Ruta Salvaje no es la única en su estilo en La Gran Sabana, dice Artal abiertamente. “Tenemos competencia y nosotros no somos un dolor de cabeza para nadie. Somos los menos comerciales”, dice. La empresa es muy familiar. Con Artal trabajan hermanos y amigos, gente que se siente involucrada con el proyecto. En la actualidad se debate entre la necesidad de crecimiento que exige la demanda y su deseo de trabajar con poca gente.
Su formación como guía se la ha dado la experiencia y el feliz encuentro con turistas especializados –entre ellos científicos, por ejemplo- y grandes maestros que han trabajado con él. Hoy en día ha llegado a la conclusión de que es un empresario –“tengo muchas cuentas que pagar”, ríe-. Es lo único que le disgusta de su trabajo. Prefiere presentarse como comerciante, guía de turismo, incluso como “psicólogo”, dice risueño. Pero el rol que más le gusta es el de aventurero.
Otra actividad a la que esta ligado Artal es al desarrollo del portal lagransabana.com, iniciativa del fotógrafo David Domínguez, que en 2004 y 2005 se llevó el premio lomejorde.com en la categoría “Destino turístico”. Y por si fuera poco el inquieto Iván es el organizador del Moto Cross Internacional entre Venezuela y Brasil –disciplina de la que fue campeón nacional en 1991 y 1992 en la categoría de los 125cc Novatos A y B.
Es un mito “Es un mito aquello de que viajar fuera de Venezuela es más barato que ir a La Gran Sabana”, aclara Artal. Es cierto si se toman en cuenta los precios de la boletería aérea. “En ese caso sale mejor tomar un avión a Miami. Pero para aquellos que cuentan con vehículo propio, pernoctan en Santa Elena (de Uairén), contratan una empresa de servicios turísticos y viven la experiencia de subir al Roraima no sale tan oneroso. Más se gasta por noche en una discoteca”, afirma Artal. Además, “La Gran Sabana es un lugar inolvidable y un destino seguro, tal vez uno de los más seguros de Venezuela, debido a que hay una sola entrada y muchas alcabalas del ejército. Estamos muy lejos de los focos de delincuencia, y por el lado de Brasil no hay problemas de narcotráfico ni de guerrilla. Es una frontera muy agradable”.
Iván Artal cree en el futuro del turismo en Venezuela. “No es tarea de un ministro. El funcionario puede poner la primera piedra, pero el esfuerzo debe ser continuado y de todos. Nos falta mejorar en calidad de servicio, en infraestructura, pero sí se puede”. Llama a seguir el ejemplo de quienes lo hacen bien: Mérida, en Venezuela; o de otros países del mundo acostumbrados a vivir del turismo. “Hay mucho potencial, pero falta pulirlo. Y también depende del turista, que cuide los sitios visitados, que sea exigente y que vaya a lugares en los que se les trate bien”.
Es parte del legado que quiere dejar. Los laureles no le inflan el ego. No busca la gloria, pero la encuentra irremediablemente cada vez que contempla el amanecer de La Gran Sabana, cuando alcanza la cúspide del Roraima, o cuando siente la adrenalina al cruzar navegando el río Yuruaní. Es que Iván, esta bendito. Texto: Máximo Rondón A. Fotos: Liliana Elías |